viernes, 13 de noviembre de 2009

EL Veco respecto al santos de Pele



Un articulo del Veco respecto al Santos de Pele
muy cierto lo que dice, solo asi podia haber futebol!!!
Chausinho.




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Quienes lo vimos y nos asombramos con su juego, no podemos gambetear la evocación admirativa, porque emerge naturalmente de los archivos del buen gusto. Fue el primer equipo que se lanzó a giras mundiales en forma regular, llevado por Samuel Ratinoff, a todos los confines. El sagaz empresario generalmente tenía reservado un asiento para un representante de El Grafico.

El imán de Pelé y las ansias por verlo de cerca -el satélite aun no estaba- llenó el estadio Nacional y cualquier escenario de las tres Américas, Europa , Asia, donde fuere. Una época diferente, de comunicaciones precarias, sin fax ni celular. El material grafico, no tenia tampoco la preponderancia que después pasó a ocupar. Y como no había películas de los partidos, la gente iba al estadio por dos cosas: para verlos jugar y por la curiosidad de conocerlos fisonómicamente.

El secreto del éxito del Santos radicaba para nosotros, aparte de la presencia fundamental de Pelé, en su regular generosidad ofensiva. Era una ola en ataque y por contrapartida una defensa que dejaba jugar. Por eso sobraban goles y como consecuencia tribunas repletas.

La delantera más recordable fue la de Dorval, Mengalvio, Coutinho, Pelé y Pepe. ¡Las paredes entre Pelé y Coutinho! Un número especial dentro del accionar del equipo. Nos habíamos deleitado antes con los toques precisos entre Ángel Labruna y Walter Gómez en la llamada “segunda maquina” de River de los años 50. Entre Pele y Coutinho salieron igualmente aceitadas, precisas aunque con un agregado extra: velocidad. El gordo Coutinho -tenia un salvavidas en la cintura- era otro maestro cabal al lado del inmenso Edson Arantes do Nascimento. La pelota parecía pegada a los chimpunes de los dos en un ida y vuelta infernal, quizás único en la historia del futbol.

En Santiago vimos un Santos 6 - Checoslovaquia 4 con Masopust como astro mayor del once europeo que nos afianzó aquella idea. Diez goles que dejaron a todos con ganas de pedir bis, sin deseos de levantarnos de los asientos. Y así ocurrió. Terminó el partido, pasaron diez minutos y el público no se movía como si paladeara lo que había contemplado..

Todo esto vale para decir gracias a Pelé y su gente, porque ahuyentaban los 0 -0, los bostezos y simplemente se entregaban plenos a ofrecer el recital de norma. Jugaban divirtiéndose y así catequizaron a todos los públicos del mundo. El Santos de los 60 no era un equipo de fútbol mas, era una trupe de artistas que se deleitaba jugando ante una platea absorta, rendida ante ellos.

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